Antropólogo audiovisual australiano estrenó “Anochecer en Gaia” en Valparaíso
Juan Francisco Salazar ya había presentado esta obra en Bristol, Denver, Sydney, Bogotá y Copenhague.

Es el año 2043, y la astrobióloga Xue Noon se encuentra varada en la Estación Internacional Antártica Gaia. Mientras la noche polar se cierne, ella se conecta al sistema de inteligencia artificial de la estación para buscar recuerdos digitales. Es el anochecer del mundo que conocemos, y no ha quedado más opción que poblar el Polo Sur, en un planeta que en el actual siglo 21 enfrenta, a juicio del antropólogo visual Juan Francisco Salazar, una de las etapas quizá más fuertes que vamos a tener que enfrentar como especie.

Es la reseña del documental etnográfico especulativo “Anochecer en Gaia”, de Juan Francisco Salazar, chileno australiano que se encuentra en la UV, en virtud del cuarto concurso Visitas de Académicos a la Universidad de Valparaíso, convocado por el Convenio de Desempeño para las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales. Su anfitriona es la académica Elisabeth Simbürger, de la Escuela de Sociología.

La película se exhibió en la sala Rubén Darío del Centro de Extensión UV, ubicado en Errázuriz 1108, en lo que representó su estreno en Chile. “Se lanzó en mayo de este año; el estreno fue en Bristol, en Inglaterra, en el Festival de Cine Etnográfico del Instituto Antropológico del Reino Unido; después fue a un festival en Denver (Colorado, Estados Unidos), y después a Sydney (Australia), Bogotá (Colombia), Copenhague (Dinamarca), y ahora la estrenamos en Valparaíso”, explica el realizador, añadiendo que “creo que este es el mejor lugar para estrenar la película. Punta Arenas hubiera sido mejor, por la proximidad geográfica con la Antártica, pero después de Punta Arenas, sin duda lo mejor era Valparaíso”.

El cine etnográfico

Señala Salazar que “el cine etnográfico surgió con fuerza en los años ’50, con un realizador francés que trabajó en África mucho tiempo. Algunos llevan el origen un poco antes, hasta los años ’20, con el trabajo de algunos en el Ártico, una película que se llamaba ‘Nanuk del norte’, que era sobre los Inuit, los esquimales, y esa se considera como la primera película etnográfica. En su sentido más clásico, es la descripción, a través del cine, de otras culturas. En vez de hacer una descripción a nivel narrado escrito, se hace una representación a través del audiovisual. Pero esa definición más clásica yo creo que ha ido cambiando, y ahora los antropólogos no solamente andan estudiando y describiendo otras culturas”.

Por eso, añade, “este trabajo no es etnográfico porque hay otra cultura —no hay culturas indígenas en la Antártica—, sino que es etnográfico en el sentido que describe prácticas culturales muy específicas de los científicos, de los equipos logísticos, de las familias que viven en la Antártica. Y lo que quise hacer fue representar o describir una cultura que se está inventando en la Antártica: no hay una cultura de siglos ni milenaria, sino de la gente que va ahí, de muchos países, como en el sector que estoy trabajando en la isla Rey Jorge, que es en la punta de la península, al sur de Punta Arenas y de Puerto Williams. Hay bases chinas, coreanas, rusas, uruguayas, brasileras, peruanas, polacas, checas, y toda la gente convive, y ellos, en las entrevistas y en el documental, cuentan que se sienten parte de una sociedad distinta, de una sociedad nueva, que son distintos al resto del mundo, tienen un sentido de pertenencia. Es una cultura en nacimiento, emergente, así que en ese sentido la película tiene una parte etnográfica, porque describe desde una sensibilidad antropológica esa cultura”.

“Anochecer en Gaia” es una construcción futurista de ficción. Al respecto, explica Juan Francisco Salazar: “Ahí viene la parte de ficción, que es el experimento, y que yo llamo especulación. Hay un área de la literatura, sobre todo la literatura feminista norteamericana, que fue muy conocida en los 70, en los 80 y todavía, de escritoras como Úrsula K. Le Guin, que de hecho escribió un cuento en la Antártica muy interesante, que se llamaba ‘El sur’, y era de unas mujeres peruanas y chilenas que llegan al Polo Sur antes que Roald Amundsen, que fue el noruego que lo descubrió. Entonces es como una crítica feminista a la exploración machista del Polo, que era esta carrera de los hombres por llegar y descubrir; entonces, cuando llegan al Polo, no plantan la bandera, que es como un acto súper masculino, sino que dan vuelta y después se regresan”.

Así, indica, “mi película toma mucho no de la ciencia ficción, sino que de esa área de la literatura que se llama ficción especulativa. La manera en que trabajé la ficción especulativa fue inventando un personaje fabulado, o una especulación. Pero no es inventado de la nada, sino que está inventado a partir de las entrevistas etnográficas. De las 30 entrevistas que hice, construí un personaje de ficción, que está basado en varias personas reales, y ese personaje de ficción interactúa, no físicamente en un mismo espacio, sino a través de un archivo digital, con los personajes reales”.

La trama muestra a una astrobióloga, Xue Noon, que trabaja en la Nasa y está estudiando extremófilos, organismos adaptados a ambientes extremos, que se descubrieron en varias partes del planeta en los años 70. “En la Antártica hay muchos biólogos y astrobiólogos que estudian estos organismos porque creen que son organismos que pueden existir en otros planetas, en Marte o sobre todo en las lunas de Júpiter y de Saturno, que son de hielo y tienen un océano dentro. Entonces, ella está estudiando eso y se está preparando para una misión a la luna Europa, lo que está basado en planes reales de la Nasa, que tiene planeado ir en 2043 en la primera misión humana a prospectar allí. En ese sentido, es una fabulación especulativa, no una ficción, porque ficción puede ser fantasía, cualquier cosa, y esto es como un realismo especulativo, una especulación realista”.

Sigue indicando: “Xue Noon se conecta al archivo digital y mezcla memorias; está en una base, donde tiene un computador, la inteligencia artificial de la base, con que ella interactúa, y se conecta, porque de chica, en el año 2014, estuvo en la Antártica con su padre, que era un científico. Ella conoció a toda esta gente cuando chica e interactúa en una multitemporalidad entre 2014 y 2043, jugando un poco con el tiempo. Y ahí es donde se transforma la película, y ahí es donde a algunos documentalistas no les gusta, porque encuentran que es como un choque de géneros. Por eso, la película gusta o no gusta, creo que nadie queda indiferente”.

Mundo cambiante

La película postula que el mundo va a cambiar, y es posible que la humanidad tenga que vivir en lugares que hoy no son habitables. “El título recoge un poco eso. Es un juego entre dos cosas. Uno, ‘Nightfall’, era el título de una historia corta de Isaac Asimov, de un planeta que sólo vivía de día, hasta que llega la noche, por primera vez, y los habitantes no saben lo que es la noche y es como el fin de ese mundo. Y dos, Gaia, de la teoría de que el planeta es un sistema vivo y que se está muriendo. Entonces, esto es un anochecer en el planeta, en la Antártica, y se transforma en una metáfora del planeta”.

Agrega el académico: “La Antártica es uno de los lugares más frágiles. Por el calentamiento global, en la península en los últimos 50 años ha aumentado cinco grados la temperatura; es una de las áreas que más se ha calentado en el planeta y eso trae aparejado la fragilidad de los animales, de los ecosistemas. Entonces, no es el fin del mundo: es un anochecer. Es el fin del mundo tal como lo conocemos. No tiene una connotación tan apocalíptica de ‘aquí nos vamos a morir todos’, pero es una etapa, una de las más fuertes quizá que vamos a tener que enfrentar como especie. Y es como un sentimiento bien personal, porque creo que este siglo va a estar marcado por eso. O tomamos conciencia, o se termina el mundo tal como lo hemos vivido hasta ahora, la modernidad, el nivel de consumo como lo conocemos hasta ahora. Eso un poco está implícito en la película, está más latente que manifiesto”.

Las ciencias sociales

Este documental marca una forma diferente de hacer ciencias sociales. Al respecto, señala Juan Francisco Salazar: “Mi trabajo es de profesor investigador. Hago clases de diseño documental a pregrado, y hago un curso de magíster que se llama ‘Environmental humanities’, que sería algo así como estudios sociales del medioambiente. Mucha de la investigación que he hecho es a través de métodos audiovisuales. Mi doctorado lo hice en Australia, con trabajo de campo en Temuco, y era un documental con activistas mapuche, activistas de medios”.

Agrega que “el audiovisual es un método importante de hacer investigación/acción, investigación participativa, de generar un vínculo muy distinto con la gente con que estás trabajando. Creo que el audiovisual es una herramienta muy fuerte para vincularse con la gente y para mostrar resultados de la investigación, donde hay un público amplio, no solamente el especialista que lee la teoría tal o cual, de modo que amplía el espectro de lo que es hacer investigación, y puede ser igualmente fuerte teóricamente o con los métodos clásicos, pero te da una amplitud para trabajar con la gente y el público más amplio”.

Visita

La visita académica de Juan Francisco Salazar se desarrolla del lunes 23 de noviembre al viernes 4 de diciembre. En ese lapso, el programa del académico de la University of Western Sydney, Australia, considera clases en el programa de Doctorado Interdisciplinario, clases de pregrado en Sociología, la exhibición de “Anochecer en Gaia” y el posterior conversatorio, además de abordar varios proyectos con la profesora Elisabeth Simbürger y participar en reuniones con académicos.

La exhibición forma parte del Quinto Coloquio de Cine y Filosofía “Más allá de la imagen-tiempo: registros actuales de la temporalidad audiovisual”, que organizó el Instituto de Filosofía y la Escuela de Cine UV.

Publicado viernes 27 de noviembre de 2015
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