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Tertulias Porteñas 2026 abordó los riesgos del consumo de alcohol desde la salud, la sociología y las neurociencias

06 octubre 2026

Más de un centenar de personas llegaron al Museo de Historia Natural de Valparaíso para participar en una nueva edición del ya tradicional espacio de reflexión y debate impulsado por el Instituto Milenio CINV. El encuentro, completamente gratuito, reunió a especialistas en salud pública, sociología y las neurociencias para analizar un fenómeno presente en la vida cotidiana desde distintas perspectivas.

Una convocatoria que superó los ciento veinte asistentes llegó hasta el pabellón central del Museo de Historia Natural de Valparaíso para conversar sobre un tema cotidiano, pero con importantes implicancias para la salud: el consumo de alcohol. La última edición de las Tertulias Porteñas 2026, organizada por el Instituto Milenio Centro Interdisciplinario de Neurociencias de la Universidad de Valparaíso (CINV), transformó la pregunta “¿Qué sabemos del alcohol?” en un espacio de reflexión donde la salud pública, la sociología y las neurociencias aportaron distintas miradas para comprender un fenómeno que atraviesa la vida social.

La conversación fue protagonizada por María Paz Bertoglia, doctora en Salud Pública, epidemióloga y bioestadística; Alonso Quintero, actor y sociólogo; y Juan Carlos Sáez, doctor en Neurociencias y director del Instituto Milenio CINV. La moderación estuvo a cargo de la comunicadora científica Macarena Rojas.

Más que entregar una única respuesta, el encuentro puso en evidencia que hablar de alcohol implica considerar sus efectos en la salud, pero también las prácticas culturales, las relaciones sociales y los mecanismos que ocurren en el cerebro.

Desde la salud pública, María Paz Bertoglia, profesora de la Universidad Andrés Bello, planteó: “Es muy importante que logremos dar a conocer los riesgos reales que tiene el consumo de alcohol a nivel poblacional. Hay aspectos epidemiológicos que ya conocemos: todo consumo de alcohol causa cáncer. Esto lo sabemos porque hemos estudiado que el alcohol es un carcinógeno de tipo uno. Puede provocar al menos siete tipos de cáncer, entre ellos los de cavidad oral, faringe, laringe e hígado, e incluso cáncer de mama. Ya que estamos en octubre, es importante también concientizar a las mujeres de que cada vez que consumimos alcohol, podemos aumentar nuestro riesgo de desarrollar cáncer de mama”.

La doctora Bertoglia agregó: “Por lo tanto, no es que queramos demonizar el consumo de alcohol, pero sí es importante que hagamos un consumo informado y sepamos que no existe un consumo de alcohol sin riesgo. No solamente por el cáncer, sino también por sus efectos cardiovasculares, la accidentabilidad e incluso por problemas relacionados con la violencia”.

Por otra parte, la epidemióloga destacó que las cifras recientes muestran una disminución del consumo de alcohol en Chile. Sin embargo, advirtió que persisten patrones de ingesta concentrada, particularmente durante los fines de semana y reuniones sociales, lo que puede incrementar los riesgos asociados. Asimismo, hizo un llamado a retrasar el inicio de esta práctica, especialmente durante la adolescencia: “Mientras más retrasemos el consumo de alcohol en la población adolescente, incluso en los adultos jóvenes, es mejor para tener un menor riesgo acumulado”.

Desde las neurociencias, Juan Carlos Sáez explicó que los efectos del alcohol no se limitan a sus consecuencias más visibles, sino que también comprometen el funcionamiento cerebral.

“No hay forma de presentar el alcohol como una bebida inofensiva. Cuando uno lo toma en forma aguda, nos hace perder capacidades de pensamiento y de reflejos”, señaló el director del Instituto Milenio CINV, quien relevó que su consumo también modifica la actividad de neurotransmisores asociados a la sensación de bienestar y relajación.

“El alcohol favorece la liberación de dopamina y potencia el GABA —un neurotransmisor inhibitorio del cerebro—, lo que en una primera fase aguda nos hace sentir más relajados y menos ansiosos. Sin embargo, al aumentar el consumo, actúa como un depresor del sistema nervioso. Y en cantidades aún mayores pasa a ser altamente dañino: deteriora las conexiones celulares, las cuales tardan más de seis meses en repararse”, sostuvo el doctor Sáez.

Además, el neurocientífico advirtió que incluso ingestas consideradas moderadas pueden asociarse a cambios en el cerebro:  “Aunque se tome poco alcohol, por ejemplo, una copa de vino al día, un estudio realizado en 38 mil personas demostró que el cerebro se achica y que disminuye la cantidad de neuronas vivas. También se reduce el espesor de la materia gris y disminuyen las conexiones entre las neuronas”.

Igualmente subrayó: “El consumo de alcohol activa la inflamación, no solo en el cerebro, sino también en todos los tejidos. Eso produce daño y afecta el ADN, donde está contenida toda la información genética. Cuando se produce una ruptura del ADN, este debe repararse, y si la reparación no se realiza correctamente, puede generarse un cáncer. El cáncer siempre está asociado a alteraciones de la información genética”.

Pero el alcohol no es únicamente una sustancia cuyos efectos pueden medirse en términos biológicos. También forma parte de prácticas y maneras de relacionarse que se han construido históricamente. Desde esa perspectiva, Alonso Quintero propuso incorporar los matices que aporta la sociología.

“El consumo de alcohol forma parte de una práctica cultural innegable. Si bien conlleva problemas sociales y de salud, también posee matices más optimistas: puede actuar como un factor de cohesión social e incluso como un constructor de identidad nacional. Por ello, abordar este tema con la altura de miras y la honestidad intelectual que amerita exige reconocer sus múltiples dimensiones, que es precisamente lo que pretendo explorar aquí”, sostuvo el sociólogo Alonso Quintero.

Del mismo modo, el sociólogo enfatizó la necesidad de un diálogo abierto con la comunidad: “Es fundamental que reflexionemos en conjunto sobre las causas, consecuencias y posibles acciones a tomar partiendo desde una base informada. Espacios como este, dedicados a la divulgación científica y la reflexión colectiva, resultan profundamente enriquecedores tanto para la ciudadanía como para nosotros como expositores. Creo que cualquier espacio de divulgación de ciencia y de diálogo ciudadano como este siempre es muy positivo”.

Nota: Pamela Simonetti / Fotos: Matías Salazar / Video: Cristian Gallardo

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