Fomentando la innovación en el sector público a través del diseño
Giancarlo Sillerico, encargado de la plataforma Red de Innovadores Públicos del Laboratorio de Gobierno, rememora su paso por la UV y su trayectoria profesional.
Cuenta Giancarlo Sillerico que, aunque no es primera generación de profesionales, porque su abuelo lo es, sus padres no fueron a la universidad, así que “el que yo ingresara a la educación superior era algo importante para mi familia. Yo soy el cuarto de cuatro hermanos y era el que tenía quizás más limitaciones respecto a la posibilidad de elegir. Por ejemplo, a mí siempre me dijeron que tenía que estudiar en una universidad pública”.
Esta condición de sus padres, dice, era “por un tema de convicción, pero también por el tema económico, porque en ese minuto las universidades privadas eran mucho más caras que ahora, que también tienen gratuidad. Yo no estudié con gratuidad en la universidad, pero podía optar a algunas cosas acá, entonces también era una opción”.
Egresado de la Escuela de Diseño de la Universidad de Valparaíso, el actual encargado del canal digital Red de Innovadores Públicos del Laboratorio de Gobierno recuerda que —tras salir del colegio en 2005— “elegí Diseño en esta universidad porque vine a conocerla- (…) Yo soy de Los Andes y existía la posibilidad de venir acá, así que vine a darme una vuelta y, claro, esta era la primera Escuela de Diseño del país, que era la original Escuela de Diseño de la Universidad de Chile, y eso hizo que me decidiera por esta universidad. Me acuerdo de que en esa oportunidad recorrí un poco la universidad y encontré que la infraestructura no se comparaba con otras, y tenía muy buenas referencias de la Escuela de otras personas que se dedicaban al campo del diseño. Eso fue como lo más importante para mí para venirme. Tenía varias dudas respecto a qué estudiar, me gustaba Arquitectura, Diseño Teatral, pero en algún minuto, con la ayuda de mis papás, me di cuenta de que en realidad a mí me gustaba meterme en temas, no específicamente en alguno, pero me gustaba mucho investigar, hacer cosas; hoy día le digo maquetear, pero me gustaba mucho como jugar, armar cosas, siempre estaba inventando lámparas o cosas”.
“Me gustaba mucho la iluminación y cuando leí que el diseño acá en la Universidad era integral, que íbamos a abordar todas las áreas, sentí que no tenía que tomar una decisión de especializarme en algo para toda la vida, sino que era algo que iba a poder descubrir en la Escuela. Aquí uno sale con una mención, pero tiene la formación completa y eso era lo que más a mí me interesaba y me atraía, porque yo no estaba totalmente decidido en qué tema estar, y de hecho eso también me ha seguido pasando”, continúa.
La observación
Consultado sobre qué le dejó la UV en términos de valores y de herramientas, comenta: “Primero, que era una formación integral de Diseño, y al hablar de una formación integral tiene que ver con que moldea un poco tu forma de observar el mundo. O sea, esta Escuela tiene harta experiencia en todo lo que tiene que ver con la observación, que pudiese parecer una práctica quizás más relacionada con las artes, pero es algo que creo que me diferencia personalmente de otras escuelas o de otros profesionales del diseño. Las observaciones que hace un diseñador del UV son mucho más sensibles, por así decirlo; dedica más tiempo a la investigación de las personas, a la conexión real para entender ciertos problemas, y eso hace que las propuestas de solución que uno diseña después estén más acordes a las necesidades reales de las personas. No es solamente lo técnico, tiene que ver mucho con esa sensibilidad que se explora mucho acá, porque aquí te enseñan primero la observación, y luego de la observación, la conceptualización, y ese es un trabajo que requiere mucho tiempo: a los estudiantes nos hacen salir a croquear, a observar distintas situaciones, a descubrir algo, tener estos ‘insights’, descubrir el comportamiento humano, observarlo. Eso hace que en realidad no llego y aplico una técnica que aprendí en la Escuela, sino que además de esa técnica —que también la aprendí en la Escuela— tengo la capacidad de hacer un análisis más profundo, interiorizar la problemática antes de diseñar algo”.
Respecto a cómo fue encontrando su vocación, relata que “en algún minuto en la Escuela tuvimos un taller con artesanos que implicó un viaje a Colliguay. Había un artesano de mimbre que no tenía mimbre, y teníamos que hacer un proyecto con este artesano, lo que implicaba qué hace un artesano sin su material. Ese taller a mí me marcó harto, porque hizo que me conectara mucho más con una realidad local, entender que hay contextos, que hay materiales, que hay personas. Eso hizo que me gustara mucho el trabajo de identidad; como yo tenía todo un rollo de descubrir cuál era mi identidad como diseñador, qué rol cumple mi contexto respecto a cómo yo me expreso como diseñador, cómo debo diseñar, qué materiales tengo que usar, qué técnicas tengo que usar, y el empezar a trabajar con otras personas me abrió un área que quise seguir profundizando”.
Prosigue: “Entonces me pregunté dónde quería trabajar realmente, y mirando revistas encontré una oficina de diseño que se llama The Andes House, que tenía una marca que era Made in Mimbre, y dije: ‘Esto me encanta, esto es lo que me gusta, conectar con los artesanos, con los modelos de proceso de producción más artesanales y me gusta también mezclarlo con diseño, o sea, hacer una propuesta nueva respecto a esto’. Y ahí hice una práctica. Yo sabía que la clave para entrar al mundo laboral tenía que ver con dónde iba a hacer la práctica; si yo lograba tener una experiencia profesional en un lugar donde pudiese destacar o llamar la atención de otras personas, también me iba a abrir un campo, y eso hizo que me quedase trabajando varios años ahí. Estuve a cargo de algunas líneas de diseño nuevas que sacó The Andes House con su marca Made in Mimbre, me tuve que ir a Santiago, y ahí se fueron presentando distintos desafíos. Esta oficina tenía una proyección internacional, y empezamos a trabajar con oficinas de diseño internacional, una es una sueca que se llama Claesson Koivisto Rune, que se interesó en las cosas que estábamos haciendo. Esa fue una de mis primeras conexiones con cómo trabajan las personas afuera. (…) Trabajé también con una empresa italiana, compartiendo el conocimiento de las cosas que hacíamos acá, y cómo lo hacían ellos y llegar a un producto diseñado por ambas partes”.
Todas esas experiencias le abrieron las puertas de la docencia universitaria y así llegó a la UNAB, donde dictó los cursos Diseño Vernacular y Productos y Procesos Productivos.
Laboratorio Gobierno
Cuando terminó su etapa en The Andes House surgió la posibilidad de entrar al Laboratorio Gobierno, en el que primero integró el equipo de Comunicaciones. Explica que “el Laboratorio Gobierno es una agencia del Estado que se preocupa de fomentar e incentivar la innovación dentro de los servicios públicos, y esto lo hace a través de una metodología de diseño y cómo se integra la mirada de los ciudadanos a través de la cocreación. El foco está en los usuarios, en resolver problemas reales de las personas, y todo esto con cosas que uno aprende estudiando Diseño, a través del prototipado, del testeo y de luego la implementación; o sea, hay que ir desarrollando, investigando bien un problema, desarrollando soluciones, luego prototiparlas, testearlas y luego ir aprendiendo de ese proceso e ir mejorando las propuestas. El Laboratorio de Gobierno se preocupa de fomentar que dentro del estilo del Estado exista la capacidad, en los funcionarios públicos, de tener este modelo de pensamiento que viene del diseño. En Comunicaciones los diseñadores teníamos la responsabilidad de diseñar todo lo que tiene que ver con la difusión: producir eventos, materialidad, actividades, comunicar los avances de los proyectos de innovación que ocurren dentro del Estado, con crear productos, folletos, publicaciones, eventos, infografías que permitan a la persona ir entendiendo lo que el Estado está haciendo en distintas materias y dentro de un montón de organizaciones”.
“Luego surgió la oportunidad de cambiar de equipo y ahí me pasé a la Red de Innovadores Públicos, que está encargada de fomentar que las innovaciones se repliquen dentro del Estado, que los funcionarios públicos se conozcan entre ellos, que las buenas prácticas se fomenten, que no se reinvente la rueda todo el tiempo. (…) Esta red está conformada por más de treinta mil funcionarios públicos que se unen en una especie de plataforma digital donde comparten publicaciones, aprendizajes, también participan en actividades para aprender nuevos contenidos. (…) Es una plataforma que sirve para que los funcionarios estén siempre conectados con nuevas cosas que están surgiendo, nuevas metodologías, nuevas formas de abordar problemas públicos”, complementa.
Específicamente, Giancarlo Sillerico está a cargo de la plataforma digital de la red, que es una especie de LinkedIn en el que los funcionarios públicos van compartiendo información. “Esta plataforma necesita ser gestionada, ser desarrollada, necesita ir creciendo, generando nuevos productos, y yo estoy a cargo de ir diseñando, testeando y ejecutando mejoras en esta plataforma digital y en productos asociados a la Red de Innovadores Públicos. También constantemente soy parte del equipo consultor del Laboratorio de Gobierno, por lo que estoy siempre también colaborando en todos los proyectos que necesiten una mirada de diseño de productos dentro de otras instituciones públicas”, agrega.
Al preguntársele sobre qué mensaje les daría a los actuales estudiantes de la UV, dice: “Mi clave ha sido nunca cerrarme a las posibilidades, no tener miedo a las cosas que desconozco, a los proyectos que abordan temas que uno no maneja del todo; creo que siempre hay un espacio para ir aprendiendo. Hay que estar siempre muy abierto, ser muy curioso, tener estas ganas de aprender, estar tomando siempre cursos, ir codeándose con personas que a uno le inspiren y que sean generosas para compartir su conocimiento. Creo que hoy día es importante también ir flexibilizando las cosas que hacemos, no aferrarse a creer que uno puede producir o hacer solamente una cosa, sino que ir mirando el entorno, comprendiéndolo e ir entendiendo que las necesidades cambian y que nuestros perfiles profesionales van cambiando, y es importante mantener la cabeza abierta respecto a eso, ir entendiendo que lo que uno aprende en la universidad es una forma de mirar el mundo y que nosotros deberíamos seguir abiertos a seguir aprendiendo constantemente. Es justamente eso: la universidad nos invita a ser más curiosos, a aprender, a abordar la investigación. Por ejemplo, ahora postulé a un seminario que va a ser en China que tiene que ver con análisis de datos, y uno se preguntará qué hace un diseñador en análisis de datos. Y, claro, todo tiene que ver, o sea, es importante para los diseñadores ir metiéndonos en temas. Los datos son el futuro y para, por ejemplo, los estilos, los datos son capital, son economía, entonces esa curiosidad es importante mantenerla. Estoy súper contento de que mi perfil va evolucionando, va cambiando, pero siempre siento que la Escuela de Diseño de la Universidad de Valparaíso me marcó intensamente y es parte crucial de mi formación profesional y de tener una mirada abierta, no cegada a los desafíos del futuro”.

Nota: Juan Pablo Salas