De las aulas de Derecho UV a Ankara: Daniela Fuentes, cónsul de Chile en Turquía y una trayectoria al servicio del país
Egresada de la Universidad de Valparaíso inició su camino internacional en instancias desarrolladas en la Escuela de Derecho.
Hay sueños que comienzan como una inquietud difícil de explicar. A veces aparecen en la infancia, como una curiosidad por conocer otros países, culturas y formas de vida; otras veces toman forma lentamente, a medida que nuevas experiencias amplían el horizonte. Para Daniela Fuentes, egresada de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, la idea de una carrera vinculada a las relaciones internacionales estuvo presente desde temprano, aunque durante mucho tiempo le pareció una meta lejana.
Hoy, desde la ciudad de Ankara, donde se desempeña como cónsul de Chile en Turquía, mira ese recorrido con perspectiva y reconoce que muchas de las decisiones más importantes de su vida profesional nacieron precisamente durante su paso por la Escuela de Derecho UV.
Daniela egresó de la Escuela el 2014 y ese mismo año inició su vida profesional como asesora legislativa en el Congreso Nacional, integrándose tempranamente al servicio público. Juró como abogada en diciembre del 2018, continuando una trayectoria marcada por el trabajo con personas y una fuerte vocación pública.
Pero más allá de las aulas, fue la experiencia universitaria la que comenzó a abrirle nuevas posibilidades.
Durante sus años de formación participó activamente en diversas iniciativas estudiantiles y académicas. Integró el equipo organizador del Seminario de Actualidad Jurídica y, en 2013, formó parte del grupo que obtuvo el tercer lugar en el Certamen de Simulación Judicial ante la Corte Penal Internacional, desarrollado en La Haya. Aquella experiencia, según cuenta, resultó decisiva.
“Conocí a profesionales que trabajaban en la Corte Penal Internacional vinculándose directamente con víctimas de graves violaciones a los derechos humanos en distintos lugares del mundo. Ver que existían personas cuya labor consistía precisamente en estar en terreno, acompañando a quienes más lo necesitaban, me hizo pensar: ‘eso es lo que quiero hacer’”, recuerda.
Sin embargo, identifica otro espacio universitario como el punto de partida de gran parte de su desarrollo profesional: el Grupo de Derecho Ambiental, al que ingresó en 2009, cuando recién comenzaba la carrera.
“Ese espacio me permitió conocer personas, participar en proyectos y representar a la Universidad en actividades internacionales, convirtiéndose en el punto de partida de muchas oportunidades que marcarían mi desarrollo profesional”, señala.
Gracias a esa experiencia tuvo la oportunidad de viajar representando a la Universidad de Valparaíso a Indonesia y Kenia, lo que que junto a su posterior participación en La Haya, le permitió descubrir una dimensión internacional del Derecho que hasta ese momento parecía distante.
“Comprendí que el Derecho podía ejercerse también desde una dimensión internacional”, explica.
La convicción de que sí era posible
Aunque desde niña sentía interés por el mundo diplomático y las relaciones internacionales, Daniela reconoce que durante mucho tiempo veía esa posibilidad como algo reservado para unos pocos.
“La carrera diplomática parecía un mundo lejano y destinado a un grupo muy reducido de personas”, comenta.
Esa percepción cambió durante su formación universitaria y terminó de consolidarse al observar que otras egresadas y egresados de la propia Escuela de Derecho lograban ingresar al Servicio Exterior.
“Pensé: yo también puedo. Me di cuenta de que tenía la formación, las capacidades y las herramientas para intentarlo”, señala.
Postuló a la Academia Diplomática el año 2021 y fue seleccionada en su primer intento. Tras desempeñarse como asesora legislativa y trabajar posteriormente en la Oficina Comunal de Mujeres y Equidad de Género de la Municipalidad de Quillota, donde acompañó a mujeres que vivían situaciones de violencia de género, ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores.
Luego de egresar de la Academia Diplomática desarrolló funciones en la División de Derechos Humanos y posteriormente en la Dirección General de Asuntos Consulares.
Actualmente vive en Ankara, capital de Turquía, donde representa a Chile desempeñando funciones consulares. Al respecto, explica que “como parte del proceso normal de la carrera del Servicio Exterior, los diplomáticos somos destinados periódicamente a distintos países según las necesidades institucionales. En el plan de destinaciones del año 2025 fui destinada a Turquía, que además era mi primera preferencia”.
“Una parte muy importante del trabajo consular consiste en asistir a los chilenos y chilenas que viven o se encuentran de paso en el extranjero. Eso incluye desde la renovación de documentos de identidad o la inscripción de niños y niñas nacidas fuera de Chile, hasta la asistencia en situaciones de emergencia, accidentes, detenciones o crisis humanitarias. Es un trabajo profundamente humano. Muchas veces las personas llegan al consulado en episodios difíciles de sus vidas y uno debe actuar con profesionalismo, empatía y un profundo sentido de responsabilidad”, señala.
Existe una expresión tradicional de la Academia Diplomática que la acompaña hasta hoy: Pro Chile Loquor —“Hablo por Chile”—, una frase que resume, según señala, la responsabilidad y el privilegio de ejercer esta profesión.
“En ese sentido, la formación que recibí en la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso fue fundamental. El rigor jurídico, la responsabilidad profesional y la vocación de servicio son valores que hoy intento reflejar diariamente”, puntualiza.
Abrir caminos y atreverse a proyectarse
Daniela también comparte una experiencia profundamente personal. Nació con diagnóstico de espina bífida, condición que ha acompañado su vida y que —sostiene— nunca ha definido quién es ni los desafíos que ha decidido asumir. Más bien, considera que las barreras suelen encontrarse en el entorno y no en las personas.
En ese sentido, señala que “el apoyo de mi familia y el hecho de haber crecido en un entorno donde mi discapacidad se vivió con total naturalidad fueron fundamentales para desarrollar autonomía y enfrentar cada etapa de mi vida con confianza”.
Además, valoró el compromiso histórico de la Universidad de Valparaíso con la inclusión y la diversidad, promoviendo espacios donde las diferencias son entendidas como una riqueza. Mirando hacia atrás, asegura que la institución no solo le entregó conocimientos jurídicos, sino también experiencias concretas que ampliaron su mirada sobre el futuro.
“Muchas de las decisiones más importantes de mi vida nacieron en la Escuela de Derecho: mi interés por los derechos humanos, el trabajo con personas, la experiencia internacional y, finalmente, la decisión de ingresar al Servicio Exterior”, afirma.
Para quienes hoy estudian Derecho y sienten interés por caminos similares, deja un mensaje claro: “A quienes sienten interés por esta carrera les diría que se atrevan. El proceso es exigente, pero no debe intimidar. La Universidad de Valparaíso entrega una formación muy sólida y prepara a sus estudiantes para enfrentar desafíos incluso mayores”.
Y agrega una reflexión que resume gran parte de su trayectoria: “Muchas veces uno piensa que determinadas metas están demasiado lejos, pero las experiencias que vivimos como estudiantes terminan abriendo puertas que ni siquiera imaginábamos”.
En esta línea, puntualizó que “también les diría que no tengan miedo de postular a espacios que parecen difíciles o inalcanzables. Yo también pensé alguna vez que la carrera diplomática era un mundo reservado para otros, y con el tiempo entendí que la formación que entrega la Universidad de Valparaíso está plenamente a la altura de esos desafíos”.
“Y, sobre todo, que nunca pierdan de vista que el Derecho es una profesión de servicio. Independientemente del lugar donde uno trabaje, siempre existe la posibilidad de mejorar, aunque sea un poco, la vida de otras personas. Para mí, esa sigue siendo la mayor motivación para ejercer esta profesión”, cerró.
Una invitación que trasciende la carrera diplomática y que parece resonar especialmente entre las nuevas generaciones: atreverse a explorar, aprovechar las oportunidades y comprender que los sueños, incluso aquellos que parecen más lejanos, pueden comenzar a construirse desde las salas y pasillos de la Universidad.




Nota: Camila Cortez
