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Emmanuelle Barozet analizó las claves para medir y comprender la pobreza en Chile, más allá de los números

06 mayo 2026

La destacada investigadora, quien integró la última comisión asesora presidencial encargada de cuantificar las carencias y precariedades de la población nacional, dictó una conferencia con la que dio inicio a las actividades lectivas 2026 de la Escuela de Sociología UV.

Desde 1987, y por más de veinticinco años, en Chile la pobreza se midió con base en los ingresos monetarios percibidos por sus habitantes. Durante todo ese tiempo, en el que se sucedieron diferentes ciclos económicos, así como importantes cambios políticos, sociales y culturales, que en su mayoría resultaron ser positivos y elevaron significativamente los niveles de desarrollo y de vida del país, la metodología utilizada para cuantificar las carencias y precariedades de la población se mantuvo prácticamente inalterada.

Como resultado de ese proceder, las cifras oficiales arrojaron que en ese período la pobreza en Chile bajó de manera ostensible, del 45,1 por ciento al 7,8 por ciento.

No obstante, y a pesar de su reconocida validez, a partir de 2013 esa medición sufrió un importante ajuste, luego de que la Comisión Asesora Presidencial para la Actualización de la Medición de la Pobreza, que fue convocada ese año por el entonces Presidente Sebastián Piñera, propuso que el mecanismo utilizado hasta entonces, y aplicado en lo fundamental según la Encuesta de Caracterización Socio Económica (Casen), fuera modificado y posteriormente revisado y mejorado en 2024, por entender que la pobreza debía ser evaluada como un fenómeno cada vez más afecto a los nuevos patrones del consumo, la provisión de los servicios estatales y el contexto social imperante.

En otras palabras, además de considerar el ingreso, la medición debía incluir en los cálculos respectivos otro tipo de variables, como la educación, la salud, la vivienda, el trabajo y las redes de cohesión social, por ser indicadores más fidedignos de una dimensión mucho más amplia y fina de la misma: la pobreza multidimensional.

Entre quienes integraron el equipo experto que hace dos años asumió la tarea de revisar y perfeccionar tanto la aplicación como las características de dicho instrumento destacó la socióloga Emmanuelle Barozet, profesora del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile e investigadora principal del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), reconocida especialista en clases medias y poblaciones vulnerables.

La académica nacida en Francia, quien es magíster en Historia y Civilización y doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, visitó la Escuela de Sociología de la Universidad de Valparaíso, invitada por su directora Daniela Jara, para dictar una conferencia que tituló “Más allá del número: claves para medir y comprender la pobreza en Chile”, en la que abordó este asunto y sus múltiples derivadas, y con la que dio inicio a las actividades lectivas 2026 de ese plantel.

Ejercicio vocacional

Ante un auditorio conformado por estudiantes y docentes de esa y otras carreras, Emmanuelle Barozet presentó una reflexión a la vez general y técnica sobre lo que hoy en día involucra cuantificar la pobreza, en sintonía con lo que fue su trabajo como integrante de la última comisión asesora que, a su vez, le correspondió citar al entonces Presidente Gabriel Boric, y cuyos resultados fueron dados a conocer recientemente.

En efecto, fruto de la aplicación de la nueva metodología, más estricta y actualizada, en enero pasado el Ministerio de Desarrollo Social y Familia informó que de acuerdo con la Encuesta Casen 2022, la pobreza en Chile ascendía al 22,3 por ciento y no al 6,5 por ciento, de haberse aplicado el método anterior.

La investigadora principal del COES explicó que lo primero que se debe entender en este tema es que el ejercicio de medir la pobreza en Chile responde a una auténtica política de Estado; un proceso sistemático, riguroso e independiente de los gobiernos de turno que se ha ido consolidando década tras década, pero que también se da en muchos otros países, en diferentes contextos y realidades, como parte de un genuino esfuerzo por definir qué tipo de carencias y precariedades son las más adecuadas para determinar qué significa que una persona sea pobre y, en paralelo, crear una medida agregada que indique la cantidad de pobreza que existe en una sociedad en particular, y hasta qué nivel esta puede ser aceptable.

Al respecto, la socióloga argumentó que este afán considera distintos formatos e instrumentos, algunos de los cuales responden a una vocación por describir más en detalle lo que pasa dentro de un país, mientras que otros, a comparar realidades, para determinar incluso niveles de pobreza regionales y globales.

Medir para comprender

En lo concreto, Emmanuelle Barozet explicó que la comisión que operó entre 2024 y 2025 se encargó de revisar la metodología de medición de la pobreza por ingresos que se aplicaba en Chile, considerando diversos aspectos como la composición y método de reajuste de las canastas básicas de alimentos y no alimentaria, de la Encuesta de Presupuesto Familiar, de la construcción de la línea de pobreza o el tratamiento del alquiler imputado, entre otros.

Además, y en línea con lo anterior, precisó que una de las propuestas más relevantes de ese grupo de expertos fue la de afinar las dimensiones, indicadores y umbrales previamente establecidos para la pobreza multidimensional, junto con formular medidas de evaluación para el instrumento de medición actual, abordando frecuencia, formato y sistema de gobernanza institucional.

Entre otras cosas, esto se tradujo en la inclusión de nuevos indicadores, como el aprendizaje escolar, los cuidados, la dependencia funcional y la conectividad digital. De igual modo, se modificaron otros, como la malnutrición por inseguridad alimentaria o la habitabilidad por déficit habitacional, mientras que algunos se hicieron más inclusivos y exigentes, como los referidos a la ocupación y al subempleo, la calidad del trabajo, el acceso a atención de salud, la seguridad y la contaminación ambiental. Asimismo, se eliminó el uso del alquiler imputado dentro del cálculo de los ingresos y se aplicaron líneas diferenciadas para hogares arrendatarios y no arrendatarios.

“Ustedes saben que en las ciencias sociales, y en la sociología en particular, gran parte de lo que hacemos, particularmente para políticas públicas, es medir para comprender. Si uno no mide o no describe, o bien no sabe quiénes son los sujetos que uno estudia, la verdad es que parte de la labor que aspira a realizar en definitiva no la está haciendo. Si solo se salta a lo que uno interpreta o cree que es la pobreza, mal vamos a poder aplicar políticas públicas adecuadas. Entonces, si bien buscamos medidas que nos permitan entender la realidad, tenemos que entender esa realidad en su diversidad, a lo largo del tiempo, con todos los cambios que hay o se pueden producir”, interpeló a su audiencia Emmanuelle Barozet.

Nota: Gonzalo Bttocchio / Fotos: Matías Salazar