
Académico de Ingeniería Comercial UV: el sistema educativo “desalienta el aprendizaje creativo”
Tomás Soto Aguirre presentó su libro “Educar para obedecer” en la 50º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (Argentina), la cual también propone varias ideas sobre cómo revertir esta realidad.
El académico Tomás Soto Aguirre, de la Escuela de Ingeniería Comercial de la Universidad de Valparaíso, estuvo recientemente en la 50º Feria Internacional del libro de Buenos Aires (Filba), Argentina, donde presentó su libro “Educar para obedecer”, que desarrolla un planteamiento bastante crítico sobre la metodología que se utiliza para enseñar a niños y jóvenes. A su juicio, la “educación actual no se diferencia mucho de la de hace 50 años”. Entre sus principales deficiencias, destacó que “el sistema educativo desalienta el aprendizaje creativo”.
Por ello, dijo, “si tuviera el poder para incorporar cambios en el sistema educativo chileno, mi prioridad sería desarrollar la autoestima y la creatividad en todas las áreas”, destacó, agregando que “las clases deben dividirse en mitad teoría y mitad práctica. De otro modo, es probable que el aprendizaje no ocurra. Y, finalmente, debemos procurar que haya emoción en el proceso. Ese es el real pegamento del aprendizaje”, sostuvo el docente en la UV desde 2023, donde imparte la asignatura de Autorregulación.
Críticas a sistema educativo actual
Para Tomás Soto, profesor de Castellano, magíster en Literatura Hispanoamericana y magíster en Educación, fue un privilegio y un motivo de orgullo presentar su obra en Filba de Argentina, “un lugar donde se lee y discute tanto, fue un filtro para mí. El libro fue aceptado ampliamente. Quienes tuvieron acceso a él, opinaron desde su propia experiencia o dolencia y me sentí muy respaldado. De hecho, participé en varios programas de streaming”.
El autor de “Educar para obedecer” —publicado por la editorial argentina SB, que tiene presencia en toda América Latina y España— explicó que “este libro nace a partir del nivel actual de abandono escolar y docente. En Chile gira en torno al diez por ciento en ambos casos. Los profesores abandonan su labor en los primeros cinco años de su ejercicio profesional. En el caso de los alumnos, el diez por ciento de los secundarios abandonan cada año. En el caso de Chile, cerca de 45 mil estudiantes desertaron del sistema escolar en 2024. Y esto ocurre todos los años. Respecto de los indicadores de suicidio adolescente, entre 2002 y 2024 el alza se incrementó en un 122 por ciento. Una cifra demencial que no se difunde”, explicó el profesor Soto Aguirre.
El docente arguye que más allá de la influencia tecnológica de los dispositivos electrónicos y los teléfonos celulares, “la educación actual no se diferencia mucho de la de hace 50 años. Y no me refiero solo a Chile. En 1983, Howard Gardner publicó su libro ‘Teoría de las Inteligencias Múltiples’ porque se dio cuenta de que los jóvenes eran muchísimo más que solo pensamiento lógico matemático y pensamiento lingüístico”, sostuvo.
Prosiguió que “sin embargo, los estudiantes seguían siendo evaluados por esas dos inteligencias. Los que tenían otros tipos de habilidades, tales como liderazgo, empatía, talento artístico o deportivo, eran invisibles al sistema. En la década siguiente, en Europa y Estados Unidos identificaron que había una crisis educativa tremenda. Por ello hubo informes tales como el de Jaques Delors en Europa, de Ken Robinson en el Reino Unido y de Edward Wilson en Estados Unidos. Todos ellos arrojaron conclusiones importantes que están expuestas en mi libro. Los gobiernos latinoamericanos también lo saben, pero están presos por la inmediatez”.
Como resultado de aquello, una de las principales deficiencias del sistema educativo es que “desalienta el aprendizaje creativo. Y ese es el principio de la curiosidad. Si este muere, ya no hay motivación para aprender. El porqué ya no tiene sentido. Al no variar con las épocas, el sistema educativo obliga a que profesores y alumnos se tengan que adaptar a él. Por eso tenemos tanta gente tomando antidepresivos para encajar en esto. Además, se demoniza el error. Eso frustra y humilla a los estudiantes. Muchos alumnos en la Universidad me cuentan que el colegio los hacía sentir tontos e ignorantes”.
No a la tómbola
En el deterioro de la educación, Tomás Soto destaca que “todos tenemos responsabilidad. Pero no me gusta buscar culpables sino soluciones. El sistema educativo nació para adultos analfabetos que debían aprender a manejar una máquina en la primera Revolución Industrial. Por lo tanto, no hubo amor ni paciencia en sus orígenes, sino obediencia y castigo. Así ningún niño amará aprender. Estigmatizar a los jóvenes, mostrar una información como una verdad absoluta, obsesionarnos con los resultados, creer que la motivación externa funciona (notas), son parte del problema”, afirma el pedagogo.
Por otro lado, indicó, ha habido políticas públicas que no han mejorado la calidad de la educación. Al contrario. A su juicio, por ejemplo, “reemplazar el mérito por una tómbola es cosificar a los niños. Cuando eres tratado como un objeto, invisibilizas tu parte más valiosa: eres único. El joven siente que es uno más y actúa en consecuencia. Es horrible. Es lo que se dio a llamar el Efecto Pigmalión. O lo que Merton en 1948 llamó la profecía autocumplida. Además, les quita el sentido de pertenencia, porque dos hermanos pueden quedar en colegios distintos y muy distantes. Y esto le ocurre a la gente más humilde, ya que quienes pueden pagar recurren a los establecimientos particulares”.

Nota: Felipe Ainzúa




