
Especialista abordó mediación y análisis de conflictos familiares desde el Derecho y la Psicología
Abogada Piedad Esguep presentó en Escuela de Derecho UV la ponencia “Derecho y Psicología: la mediación en la actualidad” y dialogó con el profesor Camilo Arancibia.
La relación entre las dimensiones jurídicas, emocionales y relacionales de los conflictos familiares fue el eje de la charla “Derecho y Psicología: la mediación en la actualidad”, realizada en la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso.
La actividad contó con la exposición de Piedad Esguep, abogada, docente y mediadora, socia fundadora del Estudio Jurídico Aguirre & Esguep en Chile, quien compartió parte de su trayectoria profesional y abordó los principales desafíos que enfrenta actualmente la mediación, especialmente en el ámbito del Derecho de Familia.
La jornada fue moderada por el profesor Camilo Arancibia, director de Editorial Edeval de la Facultad de Derecho y coordinador del Seminario de Derecho y Cultura, y fue organizada por el Seminario de Derecho y Cultura, el departamento de Ciencia General del Derecho y el sello Edeval.
Durante su exposición, Piedad Esguep destacó la importancia de comprender los conflictos familiares más allá de su dimensión estrictamente jurídica. A partir de su experiencia profesional, sostuvo que detrás de una controversia existen personas, historias, emociones y relaciones que muchas veces deben mantenerse en el tiempo, por lo que una solución jurídica no necesariamente implica que el conflicto haya sido adecuadamente gestionado.
En este contexto, relevó la influencia del pensamiento de Humberto Maturana y su aproximación a las relaciones humanas y la emocionalidad. Según explicó, las personas no actúan únicamente desde la racionalidad, sino que las emociones inciden permanentemente en la manera en que perciben, interpretan y se relacionan con los demás, un aspecto especialmente significativo en los conflictos familiares.
La profesional planteó una mirada crítica al modelo tradicional de litigación, particularmente cuando se trata de familias cuyos integrantes deben continuar vinculados después de finalizado un proceso judicial. La lógica adversarial de “ganar o perder”, señaló, puede profundizar las diferencias y dificultar la comunicación entre las partes, situación que adquiere especial relevancia cuando existen hijos en común.
Frente a ello, destacó el valor de la mediación como una forma diferente de abordar los conflictos, indicando que más que constituirse simplemente en una alternativa al juicio, la mediación permite que las propias partes participen en la construcción de una solución, con el apoyo de un tercero imparcial que facilita el diálogo, ayuda a identificar necesidades e intereses y favorece la generación de acuerdos.
En este sentido, uno de los conceptos abordados durante la charla fue el de “tranquilo-tranquilo”, utilizado para destacar que el éxito de una mediación no debiera medirse únicamente por la existencia de un acuerdo formal: el resultado debe ser comprendido, asumido y considerado sostenible por las partes, de modo que exista un compromiso efectivo con su cumplimiento.
La expositora subrayó la necesidad de fortalecer la formación interdisciplinaria de quienes intervienen en conflictos familiares. A su juicio, la preparación jurídica requiere incorporar herramientas provenientes de disciplinas como la psicología relacional, que permitan a los futuros abogados comprender mejor las dinámicas emocionales y comunicacionales presentes en este tipo de controversias.
Asimismo, destacó la importancia de la autoconciencia o self-awareness en el trabajo de los mediadores, quienes deben ser capaces de reconocer sus propias emociones, experiencias, prejuicios y sesgos para evitar que estos interfieran en la conducción de los procesos. De esta manera, destacó que la neutralidad e imparcialidad requieren no solo conocimientos técnicos, sino también un permanente trabajo personal y relacional.
Otro de los temas abordados fueron los desafíos que enfrenta el sistema chileno de justicia de familia y la necesidad de avanzar hacia una mayor prevención de los conflictos. En particular, relevó la situación de niños, niñas y adolescentes, considerando que las controversias entre adultos afectan directamente su bienestar.
En este ámbito, la profesional destacó la coordinación de parentalidad como una herramienta que puede contribuir en casos de alta conflictividad, favoreciendo una disminución de las tensiones entre los progenitores y una mejor gestión de las responsabilidades parentales, con especial atención al interés superior de los hijos e hijas.
La charla permitió distinguir entre mediación y conciliación. En esta línea, la profesional explicó que mientras la primera se centra en facilitar la comunicación para que sean las propias partes quienes construyan el acuerdo, la conciliación admite una intervención más activa del tercero, quien puede formular propuestas o alternativas destinadas a acercar las posiciones.
Finalmente, Piedad Esguep enfatizó la importancia de abordar los conflictos familiares desde una perspectiva interdisciplinaria, integrando los aportes del Derecho, la Psicología y otras áreas como el Trabajo Social. Esta colaboración, sostuvo, permite comprender de manera más completa la complejidad de las relaciones familiares y avanzar hacia soluciones que no solo respondan al problema jurídico inmediato, sino que también sean adecuadas y sostenibles para las personas involucradas.

Nota: Camila Cortez









