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Cuando todos los caminos llevan a China

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Tras titularse de dos carreras en la UV, Carolina Díaz encontró su lugar en el mundo en gigantesco país asiático, donde hoy es académica en la Universidad de Zhejiang, en Hangzhou.

Carolina Díaz estaba buscando un tema para su tesis de titulación en la carrera de Gestión en Turismo y Cultura de la Universidad de Valparaíso cuando su padre vio en el diario el anuncio de un profesor de chino que estaba ofreciendo clases. Le dijo: “Oye, tú que estás estudiando turismo, ¿por qué no estudias chino?”. Cuenta Carolina que le respondió: “Papá, con suerte hablo inglés, qué voy a estar estudiando chino, olvídalo”. Pero su padre insistió, le propuso que fueran juntos a una clase de prueba. “Y ahí la persona que estaba introduciendo el curso dio un dato que hizo que se me prendiera la ampolleta. Dijo que si todos los chinos que tenían el poder adquisitivo de viajar lo hicieran, todos al mismo tiempo, colapsaría el sistema hotelero mundial. Y ahí pensé: ¿por qué no hago mi tesis sobre el turismo emisor chino, o sea, los chinos que viajan y que vienen a Chile? Era el año 2006. Empecé a averiguar y nadie había escrito en Chile sobre ese tema. O sea, fui la primera persona que escribió en Chile. Mi tesis está ahí, en la en la carrera de GTC”.

Veinte años después, Carolina Díaz, quien también se tituló de ingeniera comercial en la UV, es máster y doctora en Enseñanza de Chino como Lengua Extranjera por la Universidad de Lenguas y Cultura de Beijing (Pekín) y profesora de la Facultad de Español de la Universidad de Zhejiang, en Hangzhou, considerada la tercera mejor casa de estudios superiores de ese gigantesco país asiático, en el que hay más de tres mil universidades.

Relata que cuando le quedaba un semestre para terminar Ingeniería Comercial se ganó una beca para ir a China a estudiar el idioma. “Congelé y me vine por dos años. Al principio venía por un año, pero estando acá me di cuenta de que no era suficiente. Volví el año 2010 a terminar mi segunda carrera en la UV”, recuerda esta viñamarina que cursó su enseñanza secundaria en el Liceo Eduardo de la Barra de Valparaíso.

El 2011 se tituló y la tesis de Ingeniería Comercial la hizo sobre los negocios con China de los exportadores chilenos. “Mis profesores me decían que era un buen tema, porque ya se hablaba mucho de China, y de hecho me titulé con un siete. Para entonces ya existía el Instituto Confucio de la UST, entonces fui, porque conocía a la directora, y quería continuar estudiando chino. Y ahí me dijeron que no tenían cursos para mi nivel, pero que necesitaban profesores, porque los que venían de China no hablaban español”.

En enero del 2012 partió a Santiago a trabajar como ingeniera comercial a la empresa china Asia Reps como coordinadora de proyectos. Allí permaneció dos años hasta que decidió volver a China para hacer un máster. “Al principio lo iba a hacer en negocios internacionales, un MBA, algo relacionado con comercio, y lo iba a hacer en inglés, porque pensé que estudiar un máster en chino era imposible. Entonces me fui a Australia un año a mejorar mi inglés con Working Holiday. Pero cuando estaba allá me dije: ¿para qué quieres volver a China? Me respondí que para mejorar mi nivel de chino y mi conocimiento sobre la cultura. Y cuando estaba trabajando en el Instituto Confucio había profesoras que me dijeron que si me gustaba enseñar, por qué no tomaba un máster en enseñanza de chino. Yo ya había estudiado dos carreras, entonces quería trabajar. Pero me acordé de que había una beca que nadie había tomado, porque era para estudiar tres años, y me di cuenta de que, en realidad, más que trabajar en una oficina, me gustaba enseñar, porque también en Santiago seguía haciendo clases. Trabajaba en esa empresa, pero hacía clases también de chino en el Nido de Águilas y en el Instituto Culinary”, explica.

Prosigue: “Tenía miedo porque, claro, todo el mundo me decía que iba a tener que hacer una tesis en chino, porque los profes todos me hablaban en chino, ni siquiera hablaban inglés. Era un desafío importante. Ya era el 2015, habían pasado varios años desde que había estado en China, así que primero hice un año de chino y luego seguí con los dos años del máster y lo terminé el 2018. Siempre digo que hice una tesis en chino antes de chat GPT, antes de la inteligencia artificial. Y ese mismo año empecé el doctorado, que terminé el 2024 por la pandemia. Me vine el 2020 a Chile a pasar las vacaciones y al final me quedé tres años. Volví el 2023 y lo terminé el 2024. Soy la primera y creo que única doctora de Enseñanza de Chino de Chile. Y ya el mismo 2024, cuando terminé, partí en la Universidad de Zhejiang. Estoy en mi tercer año aquí. Soy profesora de la Facultad de Español, así que enseño español tanto en la carrera como en los electivos de la universidad, porque todos los alumnos de la universidad tienen que tomar un idioma extranjero y muchos eligen español. En los electivos de la universidad tengo que usar mi chino para enseñar español, entonces eso es muy interesante para mí. Y en los ramos de carrera hago cursos de traducción de lingüística”.

¿Y cómo es vivir en China para una chilena?: “Ya conozco casi toda China. De las treinta y tantas provincias, yo creo que me faltan como cinco o seis por conocer. Mi sueño de niña era conocer otras culturas, conocer el mundo, viajar. Y es lo que hago ahora, primero porque, como soy profesora, tengo muchas vacaciones, entonces puedo viajar mucho, y además también vivo en otra cultura. O sea, todos los días salgo a la calle y hablar con la gente es wow, todos los días aprendo algo nuevo. Obviamente la primera vez que vine sabía muy poco de China. En ese tiempo, 2008, no existían teléfonos inteligentes. Entonces, claro, era mucho más difícil comunicarse, era todo con señas. Pero yo creo que ahora ya mi vida es bastante cómoda estando acá. Aparte que China es súper seguro, entonces para mí, especialmente como chilena, como latina, de decir ‘oye, son las diez de la noche, tengo ganas de salir a caminar’ y no tengo ningún problema porque acá es súper seguro. Eso también me gusta. Las cosas son relativamente baratas, cualquier cosa que me quiero comprar, porque acá todo se produce. Cuando me cambié a Hangzhou me compré lavadora, refrigerador y todo era barato. Entonces eso también es bastante genial, comprarme ropa, todo es barato. Con lo que gano acá me sobra”.

Explica Carolina Díaz que ese bienestar es una realidad general: “Se vive bien. La calidad de vida es muy buena. Claro, muchos me dicen que no hay libertad y yo creo que hay más que en Chile, por eso de poder salir en la noche sabiendo que no me va a pasar nada, que para mí es una libertad tremenda tener seguridad, saber que puedo hacer una videollamada con mis padres por la calle y que nadie me va a robar. Yo muchas veces cuando hablo —porque me gusta hablar con el taxista, con el frutero— me cuentan que hace veinte años no podían comer carne todos los días y ahora sí, que tienen un departamento, una casa. Yo creo que independiente de derechas o izquierdas, a todo el mundo lo que le interesa es vivir bien, tener el tema médico, la jubilación. Aquí los jubilados viven súper bien, son los que mejor viven. Se jubilan muy temprano, a los 55 las mujeres, los hombres a los sesenta, y los ves en los parques bailando, pasándola bien, tienen acceso a la salud, los hospitales son súper buenos, yo he visto cómo han mejorado desde que llegué en 2008 hasta ahora, están excelentes. El tema de ir o no ir a la universidad no tiene que ver con tu poder adquisitivo tampoco: tiene que ver con tu nivel intelectual. Y los chinos son gente muy educada. En todos los índices de educación, como PISA, China está entre los mejores”.

Desde Hangzhou, Carolina Díaz valora su paso por la UV: “Creo que finalmente todo lo que uno estudia, la gente que uno conoce, te ayuda. Por ejemplo, en Gestión en Turismo y Cultura, los programas de antropología y sociología te sirven un poco para entender para la vida cuando estás en otro país. La gente que conocí, los profesores, todo eso te va ayudando. También Ingeniería Comercial me ayudó en mi carrera, cuando trabajé en la empresa china. Hice mis dos tesis relacionadas con China y ahí aprendí mucho. También las cosas extraprogramáticas, porque fui seleccionada de taekwondo en la universidad durante las dos carreras que estudié. Estuve como seis años en el equipo de taekwondo de la UV y me dejó mucho, por las experiencias de vida, las personas que conocí. Yo a la UV le tengo mucho cariño por todos los amigos que conocí ahí, los profesores y aprendí mucho. El haber hecho ayudantías creo que también me despertó esa vocación por la enseñanza, que es lo que hago ahora”.

Finalmente, deja este mensaje a quienes hoy estudian en la Universidad de Valparaíso: “Yo estoy en mis cuarenta y tantos, y les digo a los de veinte que prueben. Yo creo que la veintena es para hacer cosas, probar cosas. Muchas veces uno dice: ‘No sé qué hacer, no sé si estoy bien encaminado en la vida’. Por eso prueben estudiar y después también, si pueden, cambien. Muchas veces uno siente que si uno estudia algo no puede cambiar, no puede hacer otras cosas. Siempre les recomiendo a mis alumnos que salgan, que viajen, que conozcan otras culturas, que aprovechen. Por ejemplo, si yo no hubiese venido a China no hubiese sabido cómo era estar acá. Por eso vas conociendo otras cosas al ampliar el círculo, al salir de tu zona de confort. Al principio China me daba miedo. Cuando me vine en 2008 era la primera vez que tomaba un avión en mi vida, claro que estaba aterrada. Hagan las cosas aunque tengan miedo, aunque piensen que no van a resultar, porque al final uno puede lograr más cosas de las que incluso cree que puede hacer. Pero hay que intentarlo. Como una vez un amigo me dijo: ‘No existen buenas o malas carreras, existen buenos o malos profesionales’. En el trabajo, en tus estudios, en la vida hay que darlo todo. Yo creo que al final es eso: con todo, sino pa’ qué, como decimos en Chile”.

Nota: Juan Pablo Salas